top of page

Esto es la Iglesia

  • 19 sept 2012
  • 8 Min. de lectura


No tiene muchas cualidades. Es tosco, simple, no posee la elegancia de palabras de aquellos que lo enfrentan. Pero es innegable el poder en su boca. Sus argumentos son invencibles, capaces de doblegar los pensamientos de sus opositores, al punto de llevarlos irremediablemente a humillarse ante Dios. Más de 3000 personas son transformadas para siempre, como respuesta a aquel admirable acto de valor y fe de este predicador primerizo. Y es que, a final de cuentas, no importa la trayectoria pasada, ni cuantas veces hayas negado a tu Señor, ni mucho menos el valor que te den los demás: si estás dispuesto a dejar todo atrás por Cristo, entonces realmente sorprenderás a todos… incluyéndote a ti mismo, cuando quizá te encuentres enfrentando a la muerte y al dolor diciendo: “Juzguen ustedes si es correcto delante de Dios que les hagamos caso a ustedes, en vez de obedecer a Dios. Nosotros no podemos dejar de hablar de lo que hemos visto y oído.” (Hechos 4:19-20) ¿De dónde procede este valor? ¿Qué clase de convicción es esta? Este es Pedro. Y esto es la Iglesia.


----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------


Nadie comprende la pasión de este hombre. Educado como un príncipe, con un futuro brillante en la política y religión de su país, escoge vivir como un forastero para servir por gratitud a Aquel que lo perdonó. Debería estar muerto, por todas las atrocidades que cometió; pero en el último momento, el Rey no sólo le concedió el indulto, sino que lo hizo Su embajador. ¡Vaya privilegio! Pero con ello, vinieron los “gajes del oficio”: encarcelamientos, juicios injustos, azotes que marcaron su espalda cansada, naufragios en mar abierto, sufriendo hambre, desvelos, sed, frío, en peligro constante de muerte, y por si fuera poco, la incomprensión de sus propios hermanos, expresada a través de la crítica mordaz y cruel. Pero, vez tras vez, este incansable hombre se levanta nuevamente. ¿Por qué no se queda en el suelo? ¿No es más fácil ceder ante tantos peligros y contratiempos? Ocurre que él sabe perfectamente Quien es el que lo salvó. No trabaja para los hombres, sino para Aquel que “es poderoso para guardarlo” (2ª Timoteo 1:12) El fuego en su interior lo impulsa a continuar. Tiene una meta a la cual llegar, tiene un objetivo que cumplir. Y nada podrá detenerlo. Este es Pablo. Y sí… esto es la Iglesia.


----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------


Es ya un anciano. Se encuentra en medio de una persecución muy violenta. Uno a uno, sus hermanos son llevados ante el gobernador, para negar su fe. Finalmente, los soldados enviados a apresarlo lo encuentran. Lejos de huir, o mostrar temor o enojo, los invita a entrar a su casa, y ordena una cena para ellos, al tiempo que les pide un momento para orar. Era tal su devoción, que los soldados se avergonzaban de haber ido por él. Pero debían cumplir órdenes, y una vez que lo llevan ante el gobernador, éste le exige negar a Cristo, y declarar al César como Señor. El anciano levanta la mirada, y dice: “Ochenta y seis años llevo sirviendo a Jesucristo y Él nunca me ha fallado en nada. ¿Cómo le voy yo a fallar a Él ahora? Yo seré siempre amigo de Cristo". El gobernador, molesto por tal respuesta, lo amenaza con quemarlo vivo si persiste, a lo que este hombre responde: “Me amenazas con fuego que dura unos momentos y después se apaga. Yo lo que quiero es no tener que ir nunca al fuego eterno que nunca se apaga” ¿Cómo puede un hombre hablar así ante la inminencia del tormento? ¿Qué es lo que permite a un ser humano tal demostración de fe en Cristo? Es que, si has recibido tanto de Dios, lo menos que puedes entregarle en agradecimiento es tu vida misma. ¿La fecha? 23 de febrero del año 155. Este es Policarpo. Y claro: esto es la Iglesia.


----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------


La gran maquinaria religiosa se había descarrilado, pero se negaba a reconocerlo. En medio de tal catástrofe, un joven monje levanta la voz para denunciar los atropellos y barbaridades que se cometían usando el santo nombre de Jesús. Es que Dios lo había tocado, y estaba destinado a marcar un hito en la historia. Su intención no era dividir a la iglesia. Su misión era más elevada: hacerla volver al Camino del cual jamás debió separarse en busca de sus propios deseos. Un hombre contra el sistema. Un alma enfrentando a los ejércitos de las tinieblas. Un agradecido con Dios, intentando obedecerlo a pesar de las consecuencias. ¿Cómo es posible ir en contra de los prejuicios personales, para obedecer a Dios? ¿De qué manera se pueden dejar a un lado las tradiciones y costumbres arraigadas en el corazón, para ser transformados una vez más por el poder de la Palabra de Dios? Aquel gran Rey tenía preparado un gran movimiento en la historia de la humanidad, y fue este joven de corazón sincero y humilde a quien Dios escogió para ello. Un corazón contrito y humillado, a quien Dios no pudo rechazar. Una pasión inquebrantable, vencedora ante la religión fría y mentirosa. Este es Martín Lutero. Y por supuesto, no podía ser otra cosa: esto es la Iglesia.


----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------


“Si el hombre no ha descubierto nada por lo que morir, no es digno de vivir”, dijo alguna vez. Era la clase de frases que constantemente salían de su boca, para mostrar lo que había en su corazón. Pastor, e hijo de un pastor cristiano, y con una convicción férrea en Jesucristo, no podía permanecer inmóvil ante la avalancha de crímenes, violencia y discriminación que azotaba su nación. Y es que, en sus propias palabras, “Nuestra generación no se habrá lamentado tanto de los crímenes de los perversos, como del estremecedor silencio de los bondadosos.” Había descubierto que el precio de mantener las convicciones era la acción decidida y constante. No había lugar para sermones vacíos de domingo; era tiempo de salir a mostrar lo que había en el corazón de Dios. Así, luchó incansablemente en contra de la guerra, la pobreza, las condiciones laborales injustas y el racismo, ciudad tras ciudad, año tras año, a pesar de la persecución y de la crítica constante. Era odiado por numerosos blancos racistas de los estados del sur de su país, fue apresado y encarcelado en numerosas ocasiones, muchas veces agredido físicamente, y sus reuniones eran constantemente boicoteadas, hasta que finalmente, el 4 de abril de 1968, fue asesinado. ¿Cuál es el secreto para mantenerse así de firme, a pesar de lo cruel de las circunstancias? ¿Qué clase de fe se necesita para dar cada paso con la seguridad de que el mismísimo Dios nos acompaña? Increíblemente, una noche antes había pronunciado las siguientes palabras, como parte del discurso profético "I've Been to the Mountain top" (“He estado en la cima de la montaña”) ante un auditorio eufórico: “Como todo el mundo, a mí me gustaría vivir mucho tiempo. La longevidad es importante, pero eso es algo que ahora no me preocupa. Yo solo quiero cumplir la voluntad de Dios. ¡Y él me ha autorizado a subir a la montaña! Y he mirado en torno a mí y he visto la tierra prometida. Puede que yo no vaya allí con vosotros. Pero quiero que sepáis esta noche que nosotros llegaremos como pueblo a la tierra prometida. Y estoy muy feliz esta noche. No tengo ningún temor. No tengo miedo de ningún hombre. ¡Mis ojos han visto la gloria de la venida del Señor!” Sus últimas palabras, a un músico que lo acompañaba, fueron: “prepárate para tocar Precious Lord, Take My Hand (“Precioso Señor, toma mi mano”). Tenía un sueño. Y ese sueño se cumplió. Este es Martin Luther King. Y no podría ser de otra manera: esto es la Iglesia.


----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------


Es diferente, por así decirlo. Nada en su vida ha sido igual a lo de los demás niños y jóvenes. Sufrió constantemente las burlas de sus compañeros de clase, de aquellos que se llamaban sus amigos, de la sociedad en general. Se preguntaba constantemente qué había hecho para merecer tal situación. Sus mismos padres, pastores en una iglesia cristiana, llegaron a preguntarse alguna vez: “Si Dios es un Dios de amor, entonces ¿Cómo permite que esto le suceda a sus amigos?” Y es que, habiendo nacido sin brazos y sin piernas, era claro que la vida no es justa, y por lo tanto, era mejor acabar lo más pronto con ella. Era su pensamiento constante, hasta que un día leyó Juan 9:1-3, en donde se menciona que Jesús vio a un ciego de nacimiento, y sus discípulos le preguntaron: “Maestro, ¿qué pecados son la causa de que este haya nacido ciego, los suyos o los de sus padres?”, a lo que respondió Jesús: “No es por culpa de este, ni de sus padres; si no para que las obras del poder de Dios resplandezcan en el.” Y entonces lo comprendió: estaba destinado a ser una persona sobre la cual el poder de Dios se manifestaría. Ya no había excusas, no había más reclamos que hacer. A partir de entonces, se dedica a viajar por el mundo, usando su vida como un testimonio vivo de que Dios está allí afuera, esperando por cada persona. Pero, ¿cómo puede uno llegar a reponerse de situaciones tan trágicas? ¿Es posible llegar a ver la luz al final de túnel, el camino en medio del valle de sombra de muerte? Nada es imposible. La ‘discapacidad’ es mental. Es el alma la que se encuentra atrofiada. Y es Cristo quien puede dale plena libertad con solo tocarla. Este es Nick Vujicic. Y si… una vez más, esto es la Iglesia.


----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------


La lista resultaría interminable. Los ejemplos de antaño y los contemporáneos nos invaden, aunque en muchas ocasiones no nos demos cuenta, quizá por nuestra falta de sensibilidad, o quizá por nuestra ceguera mental y espiritual, que no nos permite darnos cuenta que la vida cristiana es mucho más de lo que quizá hemos aprendido y vivido hasta ahora. Pero abre los ojos. Mira con cuidado. ¿Quieres aprender a reconocerlos? ¿Acaso quieres formar parte de esta lista? Entonces debes saber esto: cada persona rendida a Dios, irremediablemente se parecerá a aquel niño de doce años hablando con poder ante los “grandes” de la religión, exponiendo las verdades divinas con una frescura que arrasa. Serán como aquel hombre que atraía a las multitudes, no por las grandes marcas, o los eventos multimedia, o por la presentación del grupo musical de moda, sino por el poder que irradia, la presencia de Dios manifiesta en sus Palabras, la convicción que demuestra. Éste es diferente. No es como aquellos que hablan mucho, pero no convencen a nadie. Aquellos que saben lo que es bueno, pero no lo hacen. No es alguien que necesita de trucos para embelesar a la audiencia; le basta con decir: “Quiero, ¡se limpio!”, para renovar la piel del leproso, o darle vista al ciego, o liberar a cada cautivo. Es el Enviado del cielo. El Mesías prometido. El Libertador de la humanidad. Se niega a sus propios deseos y placeres, con tal de agradar y obedecer en todo a Dios. Y por ello, habla siempre con la verdad, no se deja comprar por el sistema, no se vence ante las presiones cotidianas, aunque eso implique la muerte. ¿Quién es Éste, capaz de bendecir a sus asesinos, en medio del tormento más horrible que alguien puede haber sufrido? ¿Cómo es posible serle fiel a Dios hasta la muerte, con tal de cumplir con el objetivo que Dios le ha dado a nuestra vida? ¿Qué es aquello que nos hace fuertes para vencer cada tentación, por cruel que sea? Este hombre es el ejemplo perfecto de la actitud de la Iglesia. Así que, ¿quieres realmente formar parte de esta Iglesia? ¿Quieres en verdad vivir de esta manera? No pretendas que ya lo haces. Para ello, deberás primero reconocer esta advertencia: “Por eso, piénsenlo bien. Si quieren ser mis discípulos, tendrán que abandonar todo lo que tienen.” (Lucas 14:33) Todo. La comodidad de un trabajo, de la estabilidad financiera, de los propósitos de vida, de una iglesia de domingo, de la vida misma. También vendrán persecuciones, divisiones familiares, acusaciones injustas, humillación, dolor… Pero sobre todo, obtendremos la confianza de que nuestro destino esta seguro. No importa lo que ocurra aquí, tendremos garantizada una eternidad con Él. Y sabiendo esto, ¿acaso habrá algo que no podamos hacer? Es que, como Él mismo lo dijo, somos la Iglesia, y ni todo el poder del infierno podrá impedirnos avanzar (Mateo 16:18) ¿Quién es Él? Es Jesús, el Señor. Y todos nosotros… somos Su Iglesia.



Comentarios


Si te sirvió este artículo, ayúdanos a compartirlo!

No te pierdas nuestro próximo artículo... suscríbete!

Nombre

Email

© 2023 por Tendencias A-Z. Creado con Wix.com

bottom of page