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Mandarinas secas para jóvenes

  • 4 ene 2014
  • 3 Min. de lectura

Imagina que te encantan las mandarinas. Te gustan tanto, que te compras varios kilos en la mejor frutería de la zona (esa que está en la esquina, que siempre tiene clientes, y que ofrece frutas frescas, llenas de color y olor). Llegas a tu casa, listo para disfrutar de esas mandarinas brillantes y de buen tamaño que personalmente escogiste. Tomas una, la abres y… está seca. Claro está que el sabor tampoco es muy agradable. Pero eres una de esas personas que siempre quiere ver el vaso medio lleno, así que piensas: “seguramente es sólo ésta; las demás deben estar bien”. Pero tu vaso se va vaciando poco a poco al comprobar que, una tras otra, todas las mandarinas están secas.


¡Qué fiasco! Se veían tan bien por fuera, pero lo que había por dentro era todo lo contrario.


Pero recuerda, hay que ver el vaso medio lleno. Así que, a la semana siguiente, vuelves a la misma frutería, escoges las mejores mandarinas, y te dispones a disfrutarlas. Abres una, y ¿qué crees?


Sí. Está seca.


Y todas las demás también.


Sería demasiado optimismo si volvieras a comprar en esa misma tienda, ¿verdad? Pues tú lo tienes, y a la semana siguiente repites el mismo procedimiento, sólo para comprobar, una vez más, que estás tirando tu dinero. Todas las mandarinas están secas, y tu deseo de saborear una buena fruta, insatisfecho.


En este punto, debo decir que esta no es una historia ficticia. Yo fui ese optimista comprador compulsivo de mandarinas hace algunas semanas. En ese entonces, tenía dos opciones: seguir comprando en la misma tienda con la esperanza de que algún día cambiara la situación (y a riesgo de seguir desperdiciando dinero), o simplemente cambiar de tienda, para encontrar lo que necesitaba (mandarinas frescas y jugosas). Al final, mi optimismo trasladó el vaso medio lleno hacia otros rumbos, a otra tienda que no me quedaba de paso, más solitaria y menos solicitada quizá, pero con las mandarinas que yo buscaba.


Ahora, no te distraigas, que esto tiene que ver con nuestros grupos de jóvenes e iglesias más de lo que imaginas.


Creo que en muchas ocasiones, llegamos a ser esa tienda de la esquina, muy concurrida y solicitada, que ofrece productos llenos de color y olor, pero que al abrirlos resultan secos.


En muchas maneras, hemos cambiado aspectos fundamentales de “ser iglesia”, dando como resultado un aspecto más brillante y atractivo al “consumidor”, pero inútil y seco.


Grupos de jóvenes alegres, chispeantes, llenos de color y dinamismo, música y juegos… pero faltos de discipulado personal, de cuidado pastoral, del evangelio bíblico – aquel que llama al arrepentimiento, al crecimiento constante, al servicio leal a Dios, a la negación total del “yo” por seguir a Jesucristo. Mandarinas brillantes, pero secas.


Cedemos ante la estrategia de Satanás para hacernos vender “mandarinas secas”, como lo menciona C. S. Lewis en Cartas del Diablo a su sobrino: “mientras conceda más importancia a las reuniones, a los panfletos, a la política, a los movimientos, a las causas y a las cruzadas que a las oraciones, a los mandamientos y al amor al prójimo, será de los nuestros."


El Señor mismo menciona esta actitud en Jeremías: “Porque dos males ha hecho mi pueblo: me dejaron a mí, fuente de agua viva, y cavaron para sí cisternas, cisternas rotas que no retienen agua” (2:13) Cambiamos poco a poco aquello que sí puede satisfacernos (Dios y Su Palabra), por lo que nos gusta a nosotros, aunque no sirva.


Y así, llegamos a ser lo que dice Gary Gilley: .” Y eso puede agradar a la vista, pero no satisface al corazón.


Por cierto, ¿qué crees que harán aquellos que realmente están buscando a Dios y asisten a un lugar así? ¿Crees que se quedarían? Sólo tendrían dos opciones: seguir allí esperando que algo cambie, o cambiar de rumbo hasta encontrar lo que necesitan. ¿Será por ello que no hay crecimiento en muchas congregaciones? ¿Explicará esto la actitud de muchas personas en nuestras iglesias? (Conformes con mandarinas secas, viviendo vidas sin sabor)


Yo sólo se una cosa: la mandarina fresca y jugosa no sólo sabe mejor, sino que ayuda más, aunque el esfuerzo por encontrarla (y ofrecerla) sea mayor.



(http://www.flickr.com/photos/54882743@N08/5079947531/in/photolist-8JU4qg-7M9PVE-bfobRr)Imagen de Alvaro Villacis Espinosa


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