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Sin ley

  • 4 mar 2014
  • 4 Min. de lectura


Hace algunas semanas, Manuel Vázquez Flores, abogado y político-maestro de Derecho Procesal Constitucional en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), pidió a la Secretaría de Gobernación de México expulsar del país a Laura Bozzo, conductora del programa "Laura", así como la salida del aire de su programa transmitido por Televisa. En una entrevista de radio, explicaba las razones por las que hacía esta petición, pues más que xenofobia (como algunos decían), se trataba de “un acto estrictamente apegado a derecho”, según el artículo 33 de la Constitución, el cual menciona que los extranjeros en México “no podrán de ninguna manera inmiscuirse en los asuntos políticos del país” (en relación al montaje que Bozzo hizo en Guerrero en medio de la tragedia ocasionada por los huracanes Ingrid y Manuel, aprovechando recursos del Estado de México). Además, resaltaba que dicho programa “es un show a todas luces sin credibilidad y mediocre, que carece totalmente de educación, y que es transmitido en un horario inapropiado, ya que nuestros niños también lo ven”.


Ante esto, Ciro Gómez-Leyva, conductor del programa radial donde se producía la entrevista, prefirió menospreciar los argumentos del abogado, y lo acusó de ser autoritario, de estar volviendo al pasado. “Nadie está obligado a ver a Laura Bozzo…”, dijo; “si no la quiere ver, pues cámbiele de canal.” Quedó claro que, para Gómez Leyva, la solución a un problema social y legal era simplemente voltear hacia otro lado. Permitir lo ilegal y sucio, pero no molestar a nadie. Dejar pasar, dejar vivir. ¿Y qué dice la ley? En realidad no importa, pero no hay que vernos “antiguos” (como etiquetó a Manuel Vázquez)


Algo similar a la “solución” que el Gobierno del Distrito Federal propone al problema de los ambulantes en el metro, mediante los carteles que puedes ver en los vagones: “Si no les compras, desaparecen.” Ahora resulta que la responsabilidad de es de los usuarios del metro. Pero, ¿y qué dice la ley? Tampoco importa aquí, pero es claro que sería algo “políticamente incorrecto” ejercerla ahora.


Ejemplos como estos hay muchos: como cuando nos molestamos si somos asaltados, pero seguimos comprando piratería; o denunciamos públicamente al agente de tránsito que nos pidió “mordida”, pero no tenemos problema en pasarnos el alto del semáforo; o qué tal nuestras quejas del gobierno y la corrupción, pero participamos en las marchas a favor ¡del “Chapo” Guzmán!


Estos son solo algunas muestras de nuestra naturaleza rebelde: tendemos a ir siempre en contra de lo que la ley dice, privilegiando nuestra percepción y comodidad personal. Evidencia del Posmodernismo que hace varios años nos golpeó. Nos olvidamos que existe algo (la ley), que nos muestra el parámetro por el cual debemos medir todo, no a través de nuestras circunstancias específicas ni sentimientos y emociones.


Tristemente, la iglesia no ha sido ajena a esta situación. De vez en cuando (a veces más de las que quisiéramos reconocer) escuchamos a algún hermanito quejándose del “poco amor” que le dieron, de la “hipocresía” que había en su congregación; o a la hermanita que afirma a los cuatro vientos que no volverá a una iglesia porque allá “son peores” que ella. Personas que intentan echarle la culpa a los otros por su situación espiritual, como si ellos no hubieran podido tomar decisiones. No se dan cuenta que cosas como éstas no son más que excusas ante su falta de compromiso personal con Dios.


Pero, ¿y qué dice la ley? (en este caso, la de Dios)… ¿acaso se han tomado el tiempo de considerar que quizá Dios dice otra cosa? ¿O es que, aún sabiéndolo, prefieren dejar en manos de otros su propia responsabilidad? ¿Será justificado hacer lo que queremos, aunque la voluntad de Dios sea otra? En otras palabras, ¿es posible dejar de asistir a una iglesia porque tuvimos una mala experiencia?


Así actuamos cuando no tenemos ley; cuando se nos olvida que debemos dar cuentas a Alguien más…


“En estos días no había rey en Israel; cada uno hacía lo que bien le parecía.”

(Jueces 21:25)


Recordemos la actitud y compromiso que debemos tener ante cualquier circunstancia:

“Después tomó el libro del pacto y lo leyó ante el pueblo, y ellos respondieron: Haremos todo lo que el Señor ha dicho, y le obedeceremos.” (Éxodo 24:7)


“Sin importar si hay problemas, o si nos va bien o mal, o si nos conviene o no… ¡obedeceremos a Dios!”


¿Será que “No robarás” ha pasado de moda? ¿Acaso “ámense unos a otros” es una idea de otro tiempo? ¿Somos tan “modernos” que podemos darnos el lujo de escoger lo que haremos y lo que no (dependiendo de las circunstancias), y aún así pensar que estamos obedeciendo a Dios, que estamos siguiendo Su ley?


No sé si Laura Bozzo será expulsada de México. Tampoco sé si los ambulantes del metro serán finalmente echados de allí. No puedo asegurar si los cristianos molestos regresarán a las congregaciones. Pero por favor, que no se te olvide que la ley de Dios sigue vigente.


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