top of page

Enseñanzas desde la cuna

  • 28 oct 2014
  • 2 Min. de lectura


Tiene pocos meses de nacido, y ya me ha enseñado muchas cosas.


Mi esposa y yo acabamos de recibir a nuestro primogénito. Claro está, ¡es el bebé más hermoso del mundo! Me encanta verlo, abrazarlo, olerlo. Es extraordinario que una personita como él, recién llegado al mundo, pueda despertar tanto amor. No ha hecho nada para ganárselo. No ha tenido tiempo de mostrarnos su cariño. Simplemente lo amamos porque es nuestro hijo. Tan natural como eso.


Sin embargo, él no sabe esto. De hecho, no comprende muchas cosas. Sólo sabe, o comienza a entender, que cuando escucha mi voz algo pasa: hay un abrazo, una caricia, un beso, un apapacho, palabras suaves a su oído. No comprende lo que digo (su mente aún no lo puede hacer), pero ha aprendido a reconocer mi voz. De alguna manera, aunque no comprende todo, sabe quién soy.


Aún así, llora cuando le cambio el pañal, cuando lo baño, cuando no está a gusto con algo, o cuando quisiera hacer algo más que estar en mis brazos. Pero, ¿qué puedo hacer? Soy su padre, y lo amo tanto que no puedo dejarlo en la suciedad, aunque eso no le guste. Lo amo tanto que lo tomo en mis brazos aún cuando él no lo quiere, porque sé que eso es lo mejor para él en ese momento. No lo comprende ahora, pero espero que más adelante, cuando crezca, pueda hacerlo. Lo amo, aunque él no pueda comprender que todo lo que hago es por amor a él.


Y así, mirándolo mientras duerme, me doy cuenta que ese pequeño niño soy yo mismo en relación a Dios. Para Él, soy su creación especial. Le encanta pasar tiempo conmigo, aunque yo no puedo hacer nada para ganarme su amor. Jamás he podido hacerlo, y no podré hacerlo nunca. Simplemente me ama, porque soy Su hijo. Tan claro como eso.


El problema es que, aunque ahora conozco un poco más de Él que hace algunos años, la verdad es que no siempre comprendo del todo su voz. Mi mente aún no puede hacerlo. Sólo sé que cuando Él está, hay un abrazo, una caricia, un beso, un apapacho, y palabras suaves en mi oído. Aunque no puedo comprender siempre lo que me dice, estoy aprendiendo a reconocer su voz, y a entender quién es Él.


Sin embargo, muchas veces lo olvido, y lloro, pataleo, grito, me desespero cuando ocurre algo a mi alrededor que no me gusta. Pero entonces, por Su gran amor hacia mí, hace lo que sea necesario para sacarme de la suciedad, aunque eso me incomode, me moleste, o me humille. Me ama tanto que me toma en sus brazos aún cuando yo quisiera estar en otro lado, porque sabe que eso es lo mejor para mí. Y aunque no lo comprendo en ese momento, continúa haciendo estas cosas para ayudarme a crecer y comprender Su gran amor. Me ama, aunque yo no siempre pueda comprender que todo lo que hace es por amor a mí.


Espero que mi pequeño hijo, Pavel, pueda llegar a conocer a ese Padre que yo tengo, y experimentar personalmente Su extraordinario amor. Mientras tanto, aún cuando tiene poco tiempo de nacido, el Señor ya lo ha usado para recordarme, una vez más, cuánto me ama.


Comentarios


Si te sirvió este artículo, ayúdanos a compartirlo!

No te pierdas nuestro próximo artículo... suscríbete!

Nombre

Email

© 2023 por Tendencias A-Z. Creado con Wix.com

bottom of page