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Lo que el Ministerio Juvenil necesita

  • 31 ago 2016
  • 3 Min. de lectura



Todos quisiéramos tener en nuestras congregaciones un grupo de jóvenes dinámico, fuerte, bíblico, apasionado por Cristo. No conozco a un solo pastor que no quisiera esto. Por ello, procuramos darles lo mejor que tenemos: instrumentos para su grupo de alabanza, un buen salón, presupuesto o un lugar adecuado en nuestras agendas eclesiásticas.


Tenemos buenas intenciones, pero entre otras cosas, olvidamos un punto fundamental: necesitamos líderes capacitados para estar al frente de este ministerio.


No estoy diciendo que los actuales líderes de nuestros grupos juveniles no sean lo suficientemente espirituales o capaces de guiar a los demás jóvenes. De lo que estoy hablando es de darles herramientas, de entrenarlos de tal manera que cumplan con su ministerio de la mejor manera posible. Creo que muchas veces fallamos en esto porque en realidad no creemos que el ministerio juvenil sea importante. Por lo tanto, no nos preocupamos de su liderazgo, de cuán preparados están para asumir esa enorme responsabilidad, de cuánto conocen acerca de la cultura juvenil, o incluso de qué tan capacitados están para estudiar su propia Biblia y enseñarla adecuadamente a nuestros jóvenes.


Me viene a la mente aquella recomendación que Pablo le hizo a Timoteo (y a todos nosotros también): “No permitas que nadie te subestime por ser joven. Sé un ejemplo para todos los creyentes en lo que dices, en la forma en que vives, en tu amor, tu fe y tu pureza. Hasta que yo llegue, dedícate a leer las Escrituras a la iglesia, y a animar y a enseñarles a los creyentes.” (1ª Timoteo 4:12-13)


Creo que si queremos líderes capacitados, podemos aprender algunas cosas en este pasaje:

  1. Iglesia, no subestimes a los jóvenes sólo por su edad. Tenemos la desagradable tendencia de mirar a los jóvenes desde nuestra perspectiva adulta, olvidando que nosotros mismos estuvimos también en esa etapa. Los menospreciamos por sus actitudes, por su falta de experiencia, por su desempeño que muchas veces no cubre nuestros estándares. No recordamos dos cosas: que nosotros también necesitábamos que alguien nos guiara cuando teníamos esa edad, y que ellos también son personas por las que Cristo dio Su vida… incluyendo a los líderes de jóvenes. Provéeles de las herramientas que necesitan. Ellos han sido llamados por el Señor, y merecen tu atención y cuidado. Son valiosos. Son necesarios. Son amados por Dios. Son llamados por Él. Y subestimarlos puede costarnos muy caro como iglesia.

  2. Líder juvenil, debes ser un buen ejemplo. Si vas a ser un líder capacitado y adecuado para ministrar a los jóvenes, debes comprender que tu liderazgo comienza en la sumisión que tengas a Cristo y Su Palabra. En la medida en que la conozcas, tu vida reflejará los valores del Reino con más naturalidad, y podrás enseñarla de maneras en que quizá no has imaginado. Independientemente de que los demás te valoren o no, tu función debe ser mostrar un ejemplo vivo de un verdadero creyente en Cristo, y eso comienza en tu obediencia a la Palabra de Dios. Así que esfuérzate por prepararte cada vez más y mejor. Busca el entrenamiento adecuado a tus habilidades y llamado, de tal manera que cumplas con tu ministerio de la mejor forma. Recuerda que nuestro mundo actual está convulsionado. Necesitamos líderes preparados, entrenados para guiar adecuadamente a otros.


Nadie dudaría que los pastores titulares de nuestras congregaciones deben ser personas preparadas, entrenadas para estudiar la Biblia y enseñarla correctamente a otros. Entonces, ¿por qué no comenzamos a pensar lo mismo de nuestros líderes juveniles? Hagamos todo lo que esté en nuestras manos para darles a nuestros grupos juveniles los líderes que necesitan.



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