Jóvenes transformando su mundo
- 9 sept 2016
- 3 Min. de lectura

Hace unos meses estaba terminando un taller de Ministerio Estudiantil en el sur de México cuando un joven se me acerca y me dice: “oye, me interesó mucho lo que diste en el taller, quiero platicarte que en mi universidad nos empezamos a reunir un grupo de jóvenes de mi denominación en un pequeño estudio bíblico, y después nos encontramos a otro grupo de jóvenes en la universidad de otras denominaciones, y platicando decidimos que queremos tener un ministerio estudiantil juntos y capacitarnos”. ¡Wow! cuando yo escuche esto pensé: ¿Cuántas universidades, preparatorias y secundarias necesitan jóvenes como estos? Porque en la actualidad necesitamos jóvenes que demuestren en cada segundo esa fe que mueve montañas, requerimos jóvenes que amen al desamparado y al herido, anhelamos una generación que adore en espíritu y en verdad, deseamos jóvenes que trastornen su comunidad, jóvenes para los que buscar líos signifique buscar el reino de Dios.
Y pensando en esto, me gustaría compartirte 3 compromisos que tú como joven deberías vivir o meditar, y si eres pastor deberías de transmitir y enseñar.
El primero de ellos es el compromiso con Cristo. En la actualidad es muy fácil caminar por la calle pensando y diciendo “ah, soy cristiano, ¡que Cool!”, cuando hace poco más de dos mil años ser cristiano era un símbolo de muerte, donde si no morías apedreado, eras decapitado, encarcelado o asesinado, esa era la paga de ser cristiano. Cuando tú y yo decidimos que Jesús tomara nuestras vidas y que Él fuera el centro de ellas, decidimos tener un corazón dispuesto a seguirlo, ya no por la ley sino por la obediencia y pasión por cumplir sus ordenanzas.
“Este es el pacto que les daré después de aquellos días, declara Jehová: Pondré mi ley en sus mentes, y la escribiré en sus corazones” Hebreos 10:16 (Versión Peshita)
El segundo compromiso que encuentro fundamental es el del liderazgo. Cuando un joven ha tenido un encuentro con Cristo, Dios le ha capacitado a través de dones con los cuales puede servir increíblemente a la iglesia y también a la comunidad, siendo de gran impacto. Nuestro encuentro con Jesús afecta todas las áreas de nuestra vida integralmente.
“Llamando Jesús a sus doce, les dio poder y autoridad sobre todo espíritu maligno,
y para sanar enfermedades, y los mando a proclamar el reino de Dios
y a sanar enfermedades” Lucas 9:1-2
Necesitamos enseñar lo que en la actualidad las aldeas y las ciudades significan para nosotros: escuelas, universidades, pandillas, niños de la calle, etc. Es ahí donde nos necesitan.
Y el tercer compromiso es con nuestra generación. La vida y obra de uno de mis teólogos favoritos refleja esta característica fundamental. Dietrich Bonhoeffer vivía en los Estados Unidos cuando estalló la guerra en Alemania. Él decidió volver a su tierra natal, porque sabía que era de más ayuda en Alemania que en Estados Unidos. Una de sus frases dice:
“La espera inactiva y la contemplación apática no son actitudes Cristianas. No son sus propias experiencias personales quienes ante todo invitan al Cristiano a la acción y compasión, sino las experiencias vividas por sus hermanos, por los que Cristo ha sufrido”.
Resistencia y Sumisión
Y justo quiero cerrar con este pensamiento. Uno de los actos más compasivos donde se demuestra un compromiso no solo con nuestra generación sino también de liderazgo es cuando Jesús lava los pies de sus discípulos (Juan 13). Es imposible leer ese pasaje sin sentir amor, pasión y compasión por el acto que estaba realizando el Hijo de Dios mismo, nuestro Salvador, y repito sus propias palabras “¿Cuánto más ustedes deben lavarse sus pies uno a otros? Porque les he dado este ejemplo, para que conforme yo lo he hecho también ustedes lo hagan”. (vv.14-15)
Si queremos una generación transformada, con jóvenes transformados, necesitamos una iglesia transformada. Fomentemos y vivamos estos tres compromisos, ya que la teología práctica es la que deja huella. Por ello, sigamos impulsando, desarrollando y capacitando a los ministerios juveniles de Latinoamérica, ya que la pastoral con jóvenes no solo es necesaria para la juventud sino para toda la iglesia.







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