Jóvenes, la tarea pendiente de la Iglesia
- 21 sept 2016
- 3 Min. de lectura

Cuando Jesús dijo: “Vayan, y hagan discípulos…” también estaba pensando en los jóvenes.
Sé que esto puede parecer muy lógico, y nadie en las iglesias diría lo contrario, pero la realidad en nuestras congregaciones muchas veces es muy diferente. Los grupos juveniles han sido sistemáticamente descuidados, especialmente por la idea general de que, mientras tengan a un líder, suficientes juegos, comida, campamentos o dinero, es suficiente.
Nada más lejos de la realidad.
Veamos algunos hechos que pueden ayudarnos a reconsiderar nuestra responsabilidad ante los adolescentes y jóvenes:
¿Sabías que, según la ONU, “en estos momentos hay más jóvenes de entre 10 y 24 años que nunca antes en la historia de la humanidad?” (según “Estado de la población mundial 2014”, informe de la ONU presentado ese año). Hay más de 1800 millones entre esas edades, y más del 52% de la población mundial es menor de 30 años.
La UNICEF, por su parte, menciona que “actualmente hay 106 millones de jóvenes entre 15 y 24 años de edad en América Latina y el Caribe, el mayor número de jóvenes en la historia de la región.” (http://www.unicef.org/lac/Fast_facts_SP(1).pdf)
Nunca antes ha habido tantos jóvenes como ahora. Incluyendo en las iglesias.
Sin embargo, la gran mayoría de ellos abandonan sus congregaciones y la fe cristiana al llegar a la universidad. Esto no significa apatía, o falta de pasión: basta recordar que los jóvenes son los que han comenzado la mayoría de las revoluciones culturales y sociales alrededor del mundo. Son los revolucionarios, son los que levantan la voz. Son capaces de comprometerse con una causa incluso hasta la muerte.
Por otro lado, 95% de los que aceptan a Cristo como su Salvador lo hacen antes de cumplir los 21 años. La búsqueda de su identidad, las transiciones de su edad, las decisiones que enfrentan, y otros factores, los hacen muy sensibles a la búsqueda espiritual.
Cuando observamos estos datos en conjunto, es claro que debemos hacer algo con aquellos que constituyen la mayor parte de la población mundial, que cuando se comprometen lo hacen con pasión y que además son los más sensibles al evangelio. Si vamos a evangelizar al mundo, tenemos que apuntar también a los jóvenes.
El problema es que, por un lado no somos conscientes de estas circunstancias, y por otro, cuando las percibimos no tomamos las acciones adecuadas. Por ejemplo, en la historia de las misiones, el objetivo ha sido alcanzar a los adultos, y muchos misioneros se han preparado concienzudamente a fin de conocer la cultura de los adultos, sus costumbres, códigos de comunicación y demás, con tal de presentar el mensaje de Cristo de manera efectiva y comprensible para ellos. El resultado ha sido extraordinario. Pero, pensemos un poco. Si vamos a evangelizar y discipular a jóvenes, ¿no deberíamos estar pensando en una preparación similar? ¿No deberíamos proveer a nuestros líderes y pastores de jóvenes de la capacitación y herramientas que necesitan, a fin de que puedan presentar el mensaje de Cristo de manera efectiva y comprensible a los millones de adolescentes y jóvenes que nos rodean? ¿No deberíamos preocuparnos por enviar a más líderes preparados para evangelizar y discipular a la que ahora es la mayor parte de la población mundial? ¿No deberíamos mostrarles nuestro interés a nuestros grupos juveniles a través de proveerles líderes con el suficiente conocimiento bíblico y cultural para ministrarles? ¿No deberíamos cambiar nuestro enfoque de sólo entretenimiento, a uno que permita que cada uno de ellos se convierta en un discípulo de Jesús?
Creo firmemente que si realmente queremos obedecer la orden del Señor de ir y hacer discípulos a todas las naciones, también tenemos que prepararnos adecuadamente para alcanzar a los adolescentes y jóvenes. Menos que eso es dejar nuestra tarea a medias.
Recuerda: Cuando Jesús dijo: “Vayan, y hagan discípulos…” también estaba pensando en los jóvenes.
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