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Obra en construcción

  • 26 sept 2016
  • 3 Min. de lectura


Hace un par de semanas recibí un mensaje en el chat de familia por parte de mi hermano diciendo “Me accidenté hoy…” Toda la familia reaccionó alarmada ya que hace cuatro años un primo de 23 años falleció en un accidente automovilístico, así que por obvias razones todos le empezaron a decir que tuviera cuidado, que se dejara de andar así, a lo que mi hermano respondía “si, ya me voy a calmar”.


Es impactante como fue necesario un accidente de esa magnitud para que él comprendiera el peligro que se expone al no pensar en las consecuencias de sus actos. Al preguntarle ¿Qué te pasó?, él dijo “todo bien, solo los policías golpearon a un amigo, pero estamos bien”. Al final de la historia mi hermano y sus amigos aprendieron a manejar con precaución, a tener cuidado, pero atribuían a los policías la culpa: “todo esto no hubiera pasado si los policías hubieran hecho su trabajo”.


Escuchando la narración de los hechos hasta yo les creí su inocencia, sin embargo analizándolo más a detalle, ¿realmente los policías tuvieron la culpa de todo? Creo que no del todo, definitivamente algo sucede con mi hermano y sus amigos, porque no es la primera vez que se meten en problemas. Pero además no son los únicos que lo hacen, esta actitud es muy común en los adolescentes. Así que me di a la tarea de investigar qué pasa en los adolescentes. ¿Por qué no piensan en las consecuencias de sus actos? Y me encontré con una investigación de los años noventa hecha a 100 cerebros de jóvenes cuando están en crecimiento, la cual mostró que entre los 12 y 25 años nuestros cerebros sufren una reorganización gigantesca (Proyecto realizado por los Institutos Nacionales de Salud NIH, por sus siglas en inglés). Este estudio revela que los adolescentes actúan así porque sus cerebros aún no están terminados, y pensé: “ufffff, aún me faltan 3 años con mi hermano.”


Sin embargo seguí investigando y encontré algo más interesante, ya que mostraba que los adolescentes son en extremo adaptables y sensibles, ellos están redescubriendo su entorno, definiendo sus gustos y creencias, confrontando la teoría con la práctica, experimentando etc. Que realmente sí conocen las consecuencias de sus actos, solo que toman la decisión de irse por la emoción, por la experiencia. Y pensando en lo que aconteció con mi hermano, no fue necesario darle un “sermón”. Él sabía que habían hecho las cosas mal.


Lamentablemente muchas veces se ve a los adolescentes como la etapa de rebeldía y en lugar de apoyarlos o enseñarles a enfrentar las circunstancias de la vida queremos que en automático reaccionen como adultos, pero debemos de estar conscientes que eso muy difícilmente pasará, ya que ellos elegirán la experiencia por encima de las consecuencias, así que lo mejor que podemos hacer como líderes de adolescentes es animarlos, motivarlos, ser directores mostrándoles el camino, ser guías y ser porristas.


La neurocientífica B.J. Casey, conocida por sus estudios del cerebro adolescente, apunta que “lo último que debes decirle a tu adolescente es en qué debería interesarse, porque entonces se alejará de eso lo más posible.” Por lo tanto no debemos de actuar como dictadores obligándolos a que vayan a la iglesia; hacer esto es como si les estuviéramos inyectando una vacuna anti-cristianismo o anti-Iglesia. Por el contrario como líderes juveniles debemos esforzarnos por crearles interés, por ser culturalmente relevantes, por ser quienes los guían, quienes le enseñan, quien los anima a descubrir la Verdad y su identidad en ella. La adolescencia no se trata solamente de una etapa donde un chico o una chica hacen cosas arriesgadas, la adolescencia también es una etapa que definirá muchos aspectos de su vida adulta. Por lo tanto no los abandones, sino sé esa guía que los jóvenes necesitan.


Claudia Olivas tiene 28 años, segunda de cuatro hermanos, es Licenciada en Derecho y en Pastoral Juvenil en el Seminario Teológico Bautista Mexicano. Actualmente es consejera de jóvenes en la Iglesia Bautista "Resurrección", además de servir en la Dirección de Edificación Cristiana de la Mesa Directiva de la Unión Nacional Bautista de Jóvenes (México). También imparte clases de Ministerio Juvenil, y es fundadora del ministerio "Joyas de Dios". Cree firmemente en la juventud y en lo que Dios hará en ella.

“Cada nueva generación debe ser evangelizada: Dios no tiene nietos.” Patrick Johnstone.


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