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Olvidados

  • 30 sept 2016
  • 3 Min. de lectura

Hoy por la mañana escuchaba en las noticias a un experto, encargado de realizar programas en México que muestran las problemáticas que viven los niños y adolescentes: “me he dado cuenta que los niños y adolescentes no tienen relevancia social, no están vistos por la sociedad, aun cuando todo lo que hacen los padres, es por ellos”.


Casi siempre se ve a los adolescentes como un problema del cual nadie quiere hacerse cargo, los notamos solamente cuando ya tienen problemas difíciles, y no es para ayudarlos sino para juzgarlos. Me di cuenta de que como iglesia nos enfocamos más en los niños, jóvenes y adultos que en los adolescentes.


Hay 460,000 niñas y adolescentes que son madres cada año en México (infosipinna.org), hay más pobreza entre niños y adolescentes que entre adultos. Este y otros datos me dejaron pensando: ¿Cuál es el papel de la iglesia con los adolescentes? En la mayoría de las iglesias los niños son atendidos, tienen clases, eventos, campamentos, escuelas bíblicas de vacaciones y más, pero los adolescentes no.


Muchos de ellos han vivido cosas más complicadas de lo que nos podemos imaginar. Observaba una encuesta sobre los adolescentes que han comenzado su vida sexual en México en infosipinna.org, y las cifras no me sorprenden: casi la mitad de ellos ya han pasado por estas situaciones, y nosotros sin darnos cuenta.


Es necesario que como iglesias podamos comenzar a trabajar con nuestros adolescentes para ayudarlos a pasar por las situaciones que están viviendo y prepararlos para cuando inicien la preparatoria y la universidad.


La reacción que tienen los adolescentes ante la iglesia es detestarla o aborrecerla, ya que no se siente aceptados, así que se alejan; he visto como muchos dejan de asistir en esta etapa y difícilmente vuelven, ya que las ideologías del mundo, las filosofías que les presenta la escuela y sus compañeros les atraen más, ya que ahí sí son aceptados.


Llevo un tiempo pensando en la gran responsabilidad que tenemos ante esta situación, y viene a mi mente el versículo de 1ª Timoteo 4:12: “Que nadie te menosprecie por ser joven. Al contrario, que los creyentes vean en tu un ejemplo a seguir en la manera de hablar, en la conducta, y en amor, fe y pureza” (NVI)


En la segunda parte de este versículo, Pablo le da a Timoteo recomendaciones para ser ejemplo o un modelo, esto es lo que debemos ser para los adolescentes, modelos que puedan seguir, no perfectos, pero si en una constante transformación y obediencia a Dios.


Este pasaje, nos muestra las áreas en la que debemos ser ejemplo:


Hablar: Seamos personas que leen y aplican las enseñanzas de Dios a sus vidas, personas que tienen una verdadera relación con Dios.


Conducta: Muchas veces lo que decimos no concuerda con lo que hacemos, y los adolescentes se dan cuenta. Actuemos congruentemente.


Amor: Este se demuestra con acciones, es nuestra decisión amar a los adolescentes sin juzgarlos, debemos conocerlos y estar ahí en los momentos que nos necesiten.


Fe: Que puedan ver en nosotros la confianza que tenemos en Dios y en lo que Él puede hacer.


Pureza: ¿Cuáles son los pensamientos y deseos que nos mueven? Acercarnos a un adolescente no para cambiarlo sino para amarlo, entenderlo y ayudarlo debe ser nuestro motivo.


En vez de rechazarlos podríamos incluirlos en algunas actividades de nuestra iglesia, es decir, que se sientan útiles y acogidos, como por ejemplo:

  • Ser ujieres o anfitriones de eventos.

  • Ayudar a las clases de los niños.

  • Que puedan ayudar en la proyección o en hacer presentaciones para eventos.

  • Nos pueden dar ideas de decoración, y ayudar a hacerla.

  • Etc… creo que hay mucho que podemos hacer.


No seamos indiferentes ante las necesidades de nuestros adolescentes, ocupémonos de ellos antes de verlos fuera de nuestras iglesias, antes de que puedan cometer errores que hagan sus vidas complicadas, y alejadas de Dios.

Priscila Covarrubias Cuevas estudió la Licenciatura en Ministerios Transculturales y el Diplomado en Pastorado Juvenil en el Seminario Teológico Bautista Mexicano . Actualmente está sirviendo en la Iglesia Bautista "Vida Nueva" en la Ciudad de México. Además es Codirectora de "Punto de Encuentro", un ministerio que trabaja con estudiantes de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y forma parte del Ministerio "Joyas de Dios", enfocado en trabajar con mujeres


 
 
 

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