Pensamientos de un pastor millennial
- 2 may 2017
- 4 Min. de lectura

Hoy en las redes sociales, periódicos y programas se habla mucho de la “generación Y”, de los “millennials" o “centennials", y muchas marcas y estudios se preocupan en cómo se van a comportar éstas y las próximas generaciones: qué van a comprar, comer, leer, o de qué van a vivir y hasta en qué van a creer. Todas las empresas, escuelas y comunicólogos se están preparando para recibir a los jóvenes de las siguientes décadas. Y al ver toda esta avalancha de estudios de mercadeo (la cual incluso ha llegado a nuestras iglesias), me pregunto: ¿La Iglesia se está preparando para ello? ¿Estamos dispuestos a ofrecerles algo más de todo lo que la sociedad ya está haciendo para ellos?Es por eso que como pastor de jóvenes e investigador de la cultura me propuse hacer este artículo, donde más que dar respuestas a estas preguntas, propongo algunos pensamientos que pueden ayudarnos como iglesia para tratar con las próximas generaciones de jóvenes y adolescentes.
[if !supportLists]1. [endif]Ni más ni menos, simplemente son originales
Las distintas generaciones no son mejores ni peores que otras. La única diferencia es que cada época ha tratado de dejar un impacto y transmitir su mensaje particular. Lo han hecho a través del rock, las drogas, movimientos de izquierda; hoy en día lo hacen a través de la tecnología y las redes sociales. Es decir, cada generación va querer dejar su huella de una manera que debemos entender no necesariamente es peor ni mejor que la de las anteriores generaciones, simplemente es diferente, original. Francis Schaeffer escribió en su libro “Los caminos de la juventud”:
“Tengo la impresión de que un buen número de padres se sienten satisfechos al ver la nueva trayectoria de la juventud- “¿No es mejor así? -Exclaman. Lo Rock ha pasado de moda y nuestros chicos se muestran más quietos, más tranquilos”. Pero estos padres no comprenden que “The yellow submarine" no es mejor y que “Love Story” no es mejor tampoco. ¡Ambos no son nada más que la expresión elocuente de que hemos perdido toda esperanza de hallar sentido a la esperanza!”
Como iglesia debemos comprender bien este principio, o vamos a caer en el error en el que cayeron muchos maestros de mis jóvenes y adolescentes: varios de ellos me han platicado que durante su adolescencia se cansaron de que siempre sus maestros de escuela dominical les hablaran de los mismos temas (“las drogas” y “el sexo”, por ejemplo) ¿Necesitaban escuchar de eso? ¡Claro que sí! Pero toda esta generación dentro de sí pensaba: “mis maestros me hablan siempre de lo mismo porque ellos batallaron con esas cosas”. Debemos recordar esto: las batallas de mi generación no se pueden comparar con las batallas de la generación a la que ahora enseño o voy a enseñar.
2.Las generaciones no son sólo números, son vidas.
Estoy consciente que hoy en día empresas, iglesias u organizaciones utilizan las estadísticas como una herramienta para analizar, estudiar y prepararse para sus procedimientos estratégicos. Pero cuando hablamos de nuestros jóvenes, ¿cómo toman ellos estas estadísticas? ¿Qué pasan por sus mentes al verse reflejados en el resultado de una encuesta? No sé qué piensen ustedes, pero creo que yo me sentiría del montón, y las iglesias los hacemos sentir así. No caigamos en el juego de la sociedad, no sea que los veamos como simple mercado y próxima conquista, o como mano de obra barata. Al contrario, cuando un joven llegue a nuestras iglesias debe sentirse no como parte de un número, sino como parte de una comunidad a la cual llegó para amar al prójimo y crecer en familia, en donde puede poner sus talentos y sus dones al servicio de Dios, donde pueda convertirse en un verdadero discípulo.
3. Las nuevas generaciones también necesitan conocer a Jesús
Si, así, aunque parezca obvio. Esta es una necesidad en los jóvenes, y pareciera que las iglesias no la estamos atendiendo. Hoy en día escucho en las iglesias hablar más de temas humanistas y menos de Jesucristo, pareciera que estamos dando alimento chatarra (ni siquiera light, ¡sino chatarra!), porque sustituye la verdad con basura y daña aún más el cuerpo de Cristo. Podemos sustituir templos por recintos, velas por luces, himnos por alabanzas, liturgia por programas, biblias por iPads, pero lo que no podemos sustituir es el mensaje de Jesús. Y créanme, me encanta cada uno de las cosas que acabo de mencionar en su contexto y modelo eclesiástico, sea cual sea, pero lo que más me encanta es escuchar el mensaje de Jesús apto para la vida de los jóvenes de cada generación. Nuestros jóvenes están deseosos de escuchar y conocer a Jesús, no los menosprecies.
Cuando como iglesias estamos enfocados en enseñar a Jesús evitamos caer en legalismo o liberalismo, los cuales la mayoría de las veces tuercen la esencia del mensaje del evangelio en los ministerios juveniles.
Hay un gran trabajo por hacer en las nuevas generaciones. Vendrán nuevos retos para los ministerios juveniles y sus líderes, en donde tendrán que enfrentarse a nuevas tendencias, nuevos retos sociales y éticos, y tenemos que estar preparados para ellos. Espero que estos tres indicadores nos abran el panorama y ayuden a encarar nuestra tarea con fidelidad al Señor.

Jonathan Martín Orosco Medina es estudiante de tercer año en la carrera en Pastorado Juvenil, en el Seminario Teológico Bautista Mexicano. Trabaja como pastor de Jóvenes en la iglesia bautista “Vida Nueva” en la Ciudad de México, donde también dirige el ministerio “Punto de Encuentro”, enfocado en el alcance de jóvenes en la U.N.A.M. (Universidad Nacional Autónoma de México)







Comentarios